Patrimonio rústico de la Sierra de Ávila: cómo se construía con granito

En la Sierra de Ávila casi todo lo antiguo está hecho con la piedra que había a mano. Casas, pajares, corrales y cercas salieron del mismo granito que asoma en los prados.
Esta web trata de esos edificios. Los que levantaron los labradores y ganaderos de la comarca para vivir y para guardar el grano y los animales, y algunos más grandes que levantaron familias con dinero. Cómo se hacían, qué queda en pie y qué se está perdiendo.
La piedra
El granito de la sierra es duro de trabajar y casi eterno una vez puesto. Por eso se labraba poco. En la mayoría de los muros se ve mampostería: piedras de tamaños distintos, apenas desbastadas, encajadas unas con otras y asentadas con barro o con un mortero pobre de cal. Solo las piezas que tenían que aguantar más —esquinas, jambas de puertas y ventanas, dinteles— se tallaban en sillares regulares.
Esa diferencia se ve a simple vista en cualquier pueblo. Un muro de piedras irregulares rematado en las esquinas con bloques grandes y rectos. Así es la casa serrana de toda la vida.
La madera y la teja
Encima, una armadura de madera con vigas y tablazón, y teja curva de barro cocido. Los aleros salen poco. Las ventanas son pequeñas, porque cada hueco en un muro de piedra es un punto débil y una salida de calor en invierno. Las puertas, en cambio, suelen ser anchas: por ellas tenían que entrar los animales, el carro o la paja.
Casa, cuadra y pajar
La casa de labranza era más un conjunto que un edificio. Vivienda, cuadra, pajar, corral y a veces un huerto cercado, todo junto o alrededor de un patio. En algunas, el ganado vivía en la planta baja y su calor subía a las habitaciones. Más de un salón con chimenea de los que hoy se alquilan fue en su día un establo.
Los palacios rurales
Entre las casas de labranza aparecen de vez en cuando edificios de otra escala. Son casas fuertes o palacios de familias nobles de Ávila, que tenían tierras en estos pueblos y pasaban temporadas en ellos. Se distinguen por la sillería mejor labrada, las portadas con arco y a veces un escudo o una inscripción en la fachada.
El municipio de Manjabálago y Ortigosa de Rioalmar tiene dos. En Ortigosa, el palacio de Catalina del Águila, una casa-palacio del siglo XV. En Manjabálago, un palacio con una frase en latín sobre un dragón. Los contamos en un artículo aparte.
Lo que se pierde
Una casa de piedra aguanta siglos mientras tenga tejado. Cuando el tejado cede, entra el agua, se pudren las vigas, el barro de las juntas se lava y en pocos inviernos solo quedan los muros. Lo mismo pasa con las iglesias. La de San Andrés, en Ortigosa, es del siglo XVI y tiene un retablo barroco y un artesonado mudéjar. Necesita un tejado nuevo para que las filtraciones no lleguen a ellos, y el Ayuntamiento de Manjabálago y Ortigosa de Rioalmar ha abierto una campaña para conseguirlo.
Las cercas se pierden de otra manera: nadie las repara cuando se cae un tramo, o se sacan piedras para otra obra. Una vez desaparecidas, ya no vuelven.
Edificio por edificio
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