Propiedades rústicas

Dos palacios en dos pueblos: Ortigosa y Manjabálago

Portada de piedra con un arco de dovelas de granito muy largas abiertas en abanico y una puerta de madera antigua con clavos, en una fachada de sillería

Un municipio de la Sierra de Ávila con dos pueblos pequeños tiene dos palacios. Ninguno es un monumento de folleto, y los dos explican cómo era la propiedad de la tierra en la sierra.

Durante siglos, muchas tierras de la sierra fueron de familias de la ciudad de Ávila. Las trabajaban labradores del lugar y los dueños tenían allí una casa principal, mayor y mejor construida que las demás, donde vivían o pasaban temporadas. Esas casas son lo que hoy se llama palacios rurales.

Ortigosa: el palacio de Catalina del Águila

Los Águila eran una de las familias principales de Ávila en el siglo XV. Según cuenta el ayuntamiento, el padre de Catalina del Águila le dio como dote una casa-palacio con tierras en Ortigosa de Rioalmar. Allí se fue a vivir al casarse con Pedro Sánchez de Cepeda, tío de santa Teresa de Jesús.

La historia de la casa sigue después de la muerte de Catalina. Pedro, ya viudo, se quedó en Ortigosa y llevó a vivir allí a otros miembros de la familia, entre ellos al padre de la santa. Teresa estuvo en Ortigosa dos veces en vida. Tras morir en Alba de Tormes en 1582, su cuerpo pasó una noche en ella cuando lo llevaban a Ávila, y volvió a reposar allí cuando el duque de Alba reclamó su devolución.

Para quien se fija en la construcción, lo interesante es el tipo: una casa principal de una familia noble, con sus tierras alrededor, metida en un pueblo de labradores. El modelo se repite en otros pueblos de la provincia. Aquí, además, el pueblo recuerda quién vivió dentro.

Manjabálago: el palacio de la inscripción

El palacio de Manjabálago es el edificio civil con más presencia del pueblo. Lo que lo hace raro es una frase en latín grabada en él: Non draco sit mihi dux, «que el dragón no sea mi guía».

Quien la reconozca habrá visto la medalla de san Benito, donde forma parte de una fórmula de protección contra el mal mucho más extensa. En Manjabálago encaja además con la iglesia del pueblo, dedicada a San Miguel arcángel, el que vence al dragón en la tradición cristiana. Iglesia, palacio y leyenda han acabado por formar un solo relato, y el dragón es hoy el símbolo del pueblo.

Qué mirar en un palacio rural

Los dos tienen dueño y uso propio, así que lo normal es verlos desde fuera. Desde la calle se aprende mucho de un edificio así.

Para ir a verlos

Los dos pueblos están muy cerca uno del otro y se recorren a pie en un día tranquilo. La web del municipio de Manjabálago y Ortigosa tiene una página para cada pueblo, con su patrimonio y los Cantos Blancos de Ortigosa, que no son un edificio pero que forman parte del paisaje del que salió toda esta piedra.

También en esta web: Pajares, corrales y cercas de piedra seca